Ángeles y Pastores Volver a índice »
Por: Rev. Dr. Mario E. Rivera Méndez

“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor” Lucas 2:8-9.

En aquella región, en Belén y en los alrededores, habían pastores. Pero también habían políticos y religiosos, maestros e ingenieros, médicos y banqueros, amas de casa y estudiantes, filósofos y hombres de letras. En aquella región había de todo pero, lo grande de este relato es que un ángel del Señor no se le apareció a ninguno de ellos, sino a pastores.

¿Quiénes eran los pastores? En la escala social de esos tiempos, los pastores se consideraban lo más bajo. Eran personas que pasaban días y hasta semanas sin bañarse ni cambiarse de ropas, la ropa pobre que era su porción. Ningún pastor de ovejas jamás hubiese sido invitado a la casa de un noble, mucho menos hubiese sido visitado por un sacerdote o levita o ningún religioso. Era una persona aislada de su propio grupo social.

Esos pastores mal olientes y socialmente aislados nadie los visitaba, excepto lo que ocurrió esa noche maravillosa. Dice la Biblia que se les presentó un ángel del Señor trayéndole nuevas maravillosas. ¡Qué grande es el amor y la justicia de Dios! Nos preguntamos, ¿por qué a ellos?

¿Por qué el Señor envía a ellos Su Ángel con el anuncio más glorioso que jamás había escuchado la humanidad?

I. ¿Por qué ellos temieron?

El temor de Dios es el comienzo de la sabiduría. Dice el verso “y tuvieron gran temor” La presencia de Dios pasa desapercibida muchas veces porque el orgullo humano ciega los ojos de los hombres y no lo pueden ver.

II. Creyeron.

Dice el verso 15 que tan pronto los ángeles se desaparecieron ellos dijeron, “pasemos pues a Belén”. No cuestionaron, creyeron. ¡Como nos hace falta la mansedumbre para sólo creer! Para entender que la Biblia es clara cuando nos dice que somos salvos por gracia solamente, por medio de la fe en el Señor Jesucristo solamente, poniendo toda nuestra confianza en la Biblia solamente y reconociendo al Señor Jesucristo como nuestro Salvador, solamente y como nuestro único mediador entre Dios y nosotros.

III. Los pastores creyeron:

Pero los pastores también obedecieron v. 15: “pasemos, pues a Belén y veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado”.

La fe nos lleva a la obediencia. Por eso decimos que muchas personas, muchos religiosos le creen a Dios. Creer es mucho más que aceptar que algo es cierto. Por eso es que muchos religiosos son eso, religiosos, pero no son cristianos. ¿Sabe por qué? Porque creen en Dios pero no le obedecen.

Santiago nos dice en su Epístola Universal; 2:19

“Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.”

¿Saben como dice otra traducción de este verso de Santiago 2:19?

“Todavía hay alguno entre vosotros que piensa

¿Que basta con tener fe? ¿Fe en qué? ¿En que hay un sólo Dios? ¡Hasta los demonios lo creen y tiemblan de espanto!”

Y luego continúa esta otra traducción en Santiago 2:20:

“¡Tonto! Cuándo vas a acabar de aprender que de nada sirve “creer” si uno no hace lo que Dios quiere”.

La verdadera fe nos lleva a la obediencia. Por eso es que hay tantos religiosos y tan pocos cristianos. Usted y yo conocemos que hay mucha gente que el domingo van a la Iglesia, pero ya el lunes están bebiendo ron o jugando en un casino, o hablando mal de su superior, o no cuidando adecuadamente de su familia.

No basta con ser religioso, no basta con ir a la Iglesia, tenemos que seguir las pisadas del Señor en Su Palabra.

Los pastores temieron, creyeron y obedecieron y por último adoraron.

Dice el verso 2:20

 

“Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho”.

Dios desea hoy que tú y yo tengamos temor de Dios. Ahora, ¿qué significa temor de Dios? El uso más característico del término temor, nos dice un diccionario teológico, es cuando se asocia con Dios, es para indicar un temor solemne y reverente. No es miedo a Dios, sino una mixtura de reverencia, amor, respeto y solemnidad al pensar siquiera en El. Por eso el Salmista nos dice en 111:10, Traducción Moderna:

“¿Cómo podrán ser sabios los hombres? La única manera es comenzar por la reverencia hacia Dios. Porque el crecer en la sabiduría procede de obedecer Sus leyes”.

En Segundo lugar Dios quiere que tú y yo Le obedezcamos. Recuerda, la fe que no se convierte en obediencia o Dios, no es fe.

Tercero: Dios quiere que tú y yo creamos en Su Palabra. Recuerda, la única regla de fe y de vida es la Biblia. Escuchen lo que dice el mismo Señor Jesucristo, y El es el Único que es infalible:

“Santificados con las enseñanzas de Tu Palabra que es la verdad”. Traducción libre de Juan 17:17.

Es tiempo de dejar de ser un mero religioso y que todos nos convirtamos al Evangelio creyendo en el Señor Jesucristo como nuestro Único y Suficiente Salvador, y luego obedecerle en todo en nuestras vidas.

Por último, Dios quiere que Le adoremos sólo a El.

¿Recuerdan aquel pasaje de Apocalipsis 22:8, versión moderna?:

“Yo, Juan, vi y oí estas cosas y me postré para adorar al ángel que me las mostró. Y me dijo nuevamente: “No, no lo hagas, yo soy un siervo de Jesús como tú, tus hermanos los profetas y los que prestan atención a las verdades de este libro. Adora sólo a Dios”.

Humildemente y respetuosamente, le invito a que ahí mismo donde usted se encuentra en estos momentos que cierre sus ojos y sólo diga:

“Señor, reconozco que soy pecador(a) y que te he desobedecido. Te pido perdón por mis pecados y te suplico que entres en mi corazón ahora mismo y tomes absoluto control de mi vida. Bautízame con Tu Espíritu Santo para obedecerte y adorarte con todo mi ser. Por Jesucristo el Señor, amén.

Artículo cortesía de:
www.barbaraann.org
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