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| Por: Rev. Mario Rivera Vega ¡Dios en Control! Texto- Rut 2:8-13 (8) “Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí; y aquí estarás junto a mis criadas. (9) Mira bien el campo que sieguen; porque yo he mandado a los criados que no te molesten. Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados. (10) Ella entonces bajando su rostro se inclinó a tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera? (11) Y respondiendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y a la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes. (12) Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida departe de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte. (13) Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas”. Esta es una historia fascinante, donde hay alegría, donde hay cosecha, donde hay vida y verdaderamente es una historia que es digna de ser leída muchas veces. Esta noche no vamos a cubrir una cronología completa de los eventos en el libro de Rut porque asumo que ustedes ya conocen la historia. Lo que quiero hacer resaltar algunos principios concernientes a la ley y a la gracia. La tesis del mensaje radica en señalar la similaridad simbólica de Booz, el marido de Rut, con aquellas características que posee nuestro Redentor, el Señor Jesucristo. Los judíos, aun en estos tiempos cuando celebran sus festivales, acostumbran leer este precioso relato. Es una historia muy conocida por el pueblo judío. En la Biblia hay dos libros que tienen el nombre de mujer. El primero es el libro de Ester y por supuesto el otro es el libro de Rut. Este libro es precedido por el libro de los Jueces. En Rut 1:1 leemos: “Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra.” Por lo tanto, sabemos que lo que se va a decir acerca de Rut ocurre dentro del contexto del tiempo de los jueces. Pero quiero que se fijen también hermanos en lo que nos dice el verso 25 del capitulo 21 de Jueces: “En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.” Ahora vamos a pasar al último versículo de Rut. Rut 4:22 dice: “Obed (el hijo de Rut) engendró a Isaí, e Isaí engendró a David.” Ahora, el autor del libro de Rut asume que el lector conoce la importancia de David. El fue el rey más importante que tuvo Israel. Y fue el padre del rey Salomón. Pero mas importante aun, es el hecho de lo que dice Mt. 1:1- “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.” Mas adelante, Mateo nos dice que los ciegos, cuando oyeron que Jesús pasaba cerca de ellos, le gritaron: “¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de nosotros!” La mujer cananea que tenía la hija endemoniada también se le acercó a Jesús gritando: “Jesús, hijo de David, ten misericordia de mi hija que esta muy enferma.” Y los niños, nos dicen los evangelistas, cantaban: “Hosanna al hijo de David.” Rut es muy importante porque en un tiempo cuando cada uno hacía lo que quería porque no había rey, Rut apunta hacia ese reinado donde su descendencia marcaría la culminación de toda la historia con el advenimiento del Hijo de David, el Rey de reyes y Señor de señores. En este libro se menciona mucho los conceptos de la gracia y de la redención. En el cap. 2:2 leemos: “Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallaré gracia. Y ella le dijo: Ve, hija mía.” Ahora miren conmigo el versículo 10 del segundo capitulo. “Ella entonces bajando su rostro se inclinó a tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera?” Ahora pasamos al versículo 20 donde vemos el concepto de la redención: “Y dijo Noemí a su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto. Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel varón y uno de los que pueden redimirnos.” Ahora pasamos al capitulo 3:13- “Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive Jehová. Descansa, pues, hasta la mañana.” La gracia, es un favor no merecido. Es un favor dado a personas que merecen el castigo. Tenemos que recordar que Rut no era judía. Era una mujer moabita que había causado que un judío quebrantara la ley de Moisés, al casarse con ella. Que un judío se casara fuera de su raza era considerado un gran pecado. Busquen conmigo a Nehemías 13:23 para poder entender mejor las implicaciones de lo que sucedió. “Vi asimismo en aquellos días a judíos que habían tomado mujeres de Asdod, amonitas, y moabitas; (24) y la mitad de sus hijos hablaban la lengua de Asdod, porque no sabían hablar judaico, sino que hablaban conforme a la lengua de cada pueblo. (25) Y reñí con ellos, y los maldije, y herí a algunos de ellos, y les arranqué los cabellos, y les hice jurar, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos, y no tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, ni para vosotros mismos. (26) ¿No pecó por esto Salomón rey de Israel? Bien que en muchas naciones no hubo rey como él, que era amado de su Dios, y Dios lo había puesto por rey sobre todo Israel, aun a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras. (27) ¿Y obedeceremos a vosotros para cometer todo este mal tan grande de prevaricar contra nuestro Dios, tomando mujeres extranjeras? Rut, la moabita, no merecía gracia. Ella merecía ser expulsada, pero encontró gracia. Era enemiga, pero halló gracia. Cuando éramos débiles, Cristo a su tiempo murió por los impíos. Éramos sus enemigos, débiles e impíos pero él murió por nosotros. El tema de la redención se ve a través del libro de Rut. Redención quiere decir “comprar”, quiere decir “liberar”. Quiere también decir “adquirir para luego bendecir.” Ahora, para entender este tema de la redención en el libro de Rut, debemos leer el capitulo 25 de Levítico. Y también mas adelante en sus hogares, si desean profundizar sobre este concepto de redención, pueden leer el cap. 25 de Deuteronomio. Según la ley judía, (hablando ahora del caso de Noemí) un hombre podía redimir a una mujer si cumplía con cuatro requisitos de acuerdo con la ley de Moisés. En primer lugar tenía que ser un pariente de conforme a su sangre. En segundo lugar, tenía que tener los medios para redimirla. Tenía que tener suficiente dinero para poder pagar las deudas de la mujer a quien redimía. En tercer lugar, tenía que querer redimirla. De acuerdo con la ley de Moisés, el redentor tenía que querer voluntariamente ponerse en la posición de redentor. En el capitulo 4 de Rut, leemos acerca de un hombre que no quería redimir a Noemí. Noemí para ser rescatada y liberada de su problema tenía que tener un redentor dispuesto a casarse con la esposa del fallecido. Esto nos lleva al cuarto requisito. El redentor tiene que amar a la mujer lo suficiente como para casarse con ella. Recuerden que en el libro de Levítico en el capitulo 25 y en el capitulo 25 de Deuteronomio van a adquirir un trasfondo concerniente a lo que la ley de Moisés tiene que decir con el proceso de la redención. En esta historia, el que rescata es Booz. Y aquí por supuesto vemos un hermoso cuadro, una bella representación de nuestro Redentor, el Señor Jesucristo. En primer lugar el Señor cumple los requisitos del Redentor porque él fue hecho carne como nosotros. Jesús es nuestro pariente según la carne. El tiene la sangre y las células de nuestra humanidad. La encarnación es un poderoso requisito cumplido por el Señor. Filipenses 2:6 nos dice que “aunque Cristo era Dios no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, (7) sino que se despojó a si mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres…” En segundo lugar, Jesucristo cumple con los requisitos de la ley de Moisés para ser tu Redentor y para ser mi Redentor, porque él tiene con que pagar. El pagó el precio de tu redención con su propia vida. 1 de Pedro 1:18 al 20 dice: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, (19) sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. (20) Ya destinado desde antes de la fundación del mundo…” Y en tercer lugar, el Señor Jesús cumple con los requisitos de la ley de Moisés en Levítico 25 y en Deuteronomio 25 porque él quiso redimirnos. Quiso amarnos hasta el punto de unir su vida a nuestra vida en una gloriosa y eterna unión. Hay un himno precioso de la iglesia cuya letra dice: “Gloria cantemos al Redentor, que por nosotros quiso morir…”. El libro de Efesios nos dice que la iglesia es la esposa de Cristo. | Y en este cuarto punto el Señor cumple cabalmente con la ley de Moisés porque nos dice el apóstol Pablo que Cristo es la cabeza de la iglesia. Pablo enseña; “Maridos, amad a vuestras mujeres, a si como Cristo amó a la iglesia y se entregó a si mismo por ella a fin de presentársela a si mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. El apóstol exhorta a los maridos que sustenten y cuiden a sus esposas como también Cristo sustenta y cuida a la iglesia. En el libro de Rut vemos un cuadro precioso del evangelio porque vemos la imagen de nuestro Redentor rescatando a un mundo débil y extranjero de las promesas de Dios. Pero por la sangre de Cristo hemos llegado a ser participantes del pacto eterno. En cuanto a las lecciones practicas de este libro, podemos decir en primer lugar, que el libro de Rut nos enseña que Dios siempre castiga el pecado. Es muy cierto que Elimelec nunca debió haber abandonado a Belén para irse a Moab. El error peor que cometió Elimelec fue ir a Moab y allí permitirle a sus dos hijos que se casaran con moabitas. En Deuteronomio 7 ya Dios le había advertido al pueblo: “Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al fereseo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y mas poderosas que tú, (2) y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia. (3) Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo. (4) Porque desviará a tu hijo de en pos de mi, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto.” Ahora los hijos de Elimelec pudieron haber objetado diciendo que casarse con moabitas era cosa buena porque podían aprovechar y hablarles de Jehová. Pero el testimonio de Noemí con Orfa es que Noemí le dice a Orfa “vuélvete a tus dioses paganos” Orfa era pagana. Malón y Quelión eran los hijos de Noemí y Elimelec y pecaron grandemente contra Dios al casarse con mujeres idolatras. Y como consecuencia de su desobediencia, Dios los castigó. Porque nos dice la Palabra que los dos hijos de Elimelec murieron. Y también Elimelec murió. Y ninguno de los tres eran ancianos. Estas fueron muertes prematuras pero el pecado siempre engendra muerte. Querida iglesia, el principio es muy claro: Dios siempre castiga el pecado. El libro de Rut comienza con tres funerales. Comienza con una familia judía que dejan a Belén, que significa “casa de pan” para adentrarse dentro de Moab, que es un pueblo idolátrico y sumamente pagano. Y allí se unen a mujeres paganas. Y el resultado es desastroso. Así también sucede en la vida de todo ser humano. La naturaleza caída del hombre siempre lo inclina hacia la unión con aquellas cosas que Dios aborrece. El hombre por la naturaleza de su condición espiritual huye de Dios para cohabitar con los enemigos de Dios. Booz pudo haber despreciado a Rut. El pudo haber acudido a la ley de Moisés para justificar su repudio de esta moabita. El pudo haberse escudado detrás de la ley para señalarle las faltas a Rut. Todo el linaje de esta mujer eran personas idolatras. Un judío piadoso como Booz pudo haberse amparado sobre las palabras de Moisés que leímos hace unos momentos atrás. El pudo haberle cerrado todas las puertas de oportunidad a Rut para que ella no tuviera la oportunidad de espigar en los campos de el o en los campos de sus parientes y amigos. Pudo haberle causado a Rut mayores preocupaciones y angustias repudiándola como una mujer que procedía de un pueblo que hacia que sus hijos pasaran por el fuego y cuyos familiares adoraban al dios Baal y a la diosa Asera. Pero Booz no consideró su posición o su propio linaje como cosas a la cuales aferrarse sino que se humilló a si mismo sujetándose a posibles vituperios de parte de los conocedores de la ley de Moisés. Aquí vemos el ejemplo de un verdadero redentor. Booz era el pariente mas cercano de Elimelec. Y el Señor Jesucristo revestido de nuestra humanidad es nuestro pariente mas cercano en cuanto a nuestra relación con Dios se refiere. En los tiempos de Moisés el sumo sacerdote no solamente respaldaba la ley al pie de la letra, sino que también tenía la autoridad dada por Dios para sentenciar a muerte a los idolatras. Tenía la autoridad de ejecutar el juicio de Dios sobre los desobedientes. Pero querida iglesia, en Cristo Jesús tenemos un cuadro representativo de la perfecta unión del Sumo Sacerdote y del Redentor. Porque el Señor Jesucristo, de acuerdo con Hebreos 4:14 es nuestro Sumo Sacerdote que traspasó los cielos. No nos señala con el dedo, recordándonos de nuestra pasada vieja manera de vivir. No nos hace recordar que al igual que Rut teníamos un pasado lleno de oscurantismo y de maldad. Nuestro Sumo Sacerdote, nuestro Redentor se compadece de nuestras debilidades porque él mismo se puso en nuestro lugar compadeciéndose de nuestras debilidades permitiéndole al diablo que lo tentara en todo, según nuestra semejanza. Querida iglesia, Booz tenía los medios para redimir y el Señor Jesucristo pagó el precio con su propia sangre. Booz amó a Rut a pesar de su trasfondo pecaminoso y así también nuestro precioso Redentor el Señor Jesucristo nos amó, que aun siendo nosotros pecadores, él murió por nosotros. Booz decidió casarse con Rut y nuestro Redentor también decidió unirnos a él por un acto de pura gracia. Pero nuestra unión con Cristo no terminará cuando tengamos que morir. Nuestra unión con él es una unión permanente, eterna y gloriosa que jamás disminuirá. El amor de Cristo por ti querida hermano y amado hermano jamás se cansará, jamás se secará. Irá de gloria en gloria por toda la eternidad. El libro de Rut comienza con tres muertes por causa del pecado. Pero termina gloriosamente con el perdón la misericordia, el amor y la aceptación por parte de un redentor que no tuvo que redimir pero lo hizo por pura gracia. El libro comienza con un funeral pero termina con una gloriosa boda. Y Apoc. 19:9 dice: “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.” Gocémonos y alegrémonos y demosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.” Querida iglesia, bienaventurados somos en Cristo Jesús, los que somos llamados a la cena de las bodas del Cordero. Artículo cortesía de: |